Silencio
Hay silencios que pesan
más que mil palabras;
son los que deja un hogar
cuando nadie lo habita.
25 poemas de soledad para ponerle palabras a la nostalgia, a la ausencia y al silencio, y también para acompañar a quien se siente solo y recordarle que no lo está.
Hay silencios que pesan
más que mil palabras;
son los que deja un hogar
cuando nadie lo habita.
La noche es larga y callada,
solo el reloj me acompaña;
y en la penumbra del cuarto
mi alma te extraña.
Estar solo no es tristeza
si aprendes a escucharte;
a veces el mejor viaje
es el de ir a encontrarte.
Tu ausencia llena la casa
como un perfume amargo;
cada rincón me recuerda
lo mucho que te extraño.
Miro por la ventana
buscando alguna señal;
la calle sigue su paso
y yo sigo igual.
La lluvia cae despacio
como lágrimas del cielo;
y yo, sin nadie a mi lado,
la escucho en mi desconsuelo.
Si te sientes solo hoy,
quiero que sepas algo:
el mundo te necesita
aunque no lo veas claro.
Hallé en la soledad
un espejo sincero,
donde aprendí a mirarme
y a quererme entero.
Domingo de tarde gris,
de café y de recuerdos;
el silencio es mi invitado
y la nostalgia, mi cuento.
La luna es mi confidente,
la que sabe mi secreto;
le cuento mis penas calladas
y me responde en silencio.
El cuarto está vacío
y mi pecho también;
solo queda tu recuerdo
como un eco del ayer.
Amigo, no estás solo,
aunque hoy lo parezca;
hay una luz que te espera
y la tristeza no es eterna.
Se puede estar rodeado
y sentirse solo igual;
la verdadera compañía
es la que sabe escuchar.
Hay noches en que la nostalgia
me visita sin avisar;
trae consigo viejas risas
y ganas de recordar.
Camino solo por la calle
con el alma en un rincón;
llevo a cuestas mis silencios
y un pedazo de ilusión.
Mi corazón está cansado
de esperar y de callar;
necesita un nuevo rumbo
y un lugar donde sanar.
La soledad no es mi enemiga,
es maestra de mi ser;
me enseña a vivir conmigo
y a amar sin depender.
Grito mi nombre en la noche
y solo responde el eco;
pero aun en esa respuesta
hay un hilo de consuelo.
Sin ti la casa es más grande
y el tiempo más lento;
sin ti hasta el silencio
me duele por dentro.
Hoy extraño un abrazo
que no puedo recibir;
lo imagino entre mis brazos
y me ayuda a resistir.
Una estrella solitaria
brilla en lo alto del cielo;
no está sola, la acompaña
la inmensidad del universo.
Otro día que comienza
y sigo aquí, sin nadie;
pero un rayo de esperanza
ya empieza a calentarme.
Aprendí a estar conmigo
sin sentirme abandonado;
descubrí que en mi silencio
hay un mundo habitado.
Escribo versos al viento
sin saber quién los leerá;
tal vez un alma solitaria
se sienta menos sola ya.
Hoy duele la soledad,
pero no será para siempre;
el sol vuelve a salir
y trae gente que te quiere.
No toda soledad es tristeza: a veces es calma, a veces ausencia y a veces un espejo. Estos poemas recorren esas sensaciones sin dramatizar y muchos terminan con una puerta abierta a la esperanza.
Si necesitas un empujón, mira los poemas de motivación, y si buscas una palabra de fe, los poemas a Dios.